Su mirada se volvió distante y fría,
los minutos se hacían eternos
y su indiferencia crecía con gestos que no me puedo olvidar.
Cuando te veía, sentía una barrera que nos dividía
y lograba borrar los momentos que pasamos juntos.
Esa tarde de otoño, la recordé muchas veces
porque tus palabras estaban contadas con una mano
y no podías decirme como eran las cosas, te deteste tanto.
Dos semanas de tortura, encerrada pensando
Y claramente ese día, algo había cambiado.
Y sí, tu indiferencia e indecisión me consumió lentamente
cambiando mi amor y confianza por desprecio y locura,
imaginando y haciendo miles de hipótesis
que después se convertirían en una muy realista y dolorosa.
Pero el tiempo me ayudo a valorar todo lo ocurrido y entender porque me había enamorado de vos.